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lunes, 18 de julio de 2011

El activismo en el diseño (II). Las construcciones de cartón de Shigeru Ban



Ursula Lascurain H   


En esta segunda parte del Activismo en el Diseño vamos a ver diferentes construcciones temporales que ha hecho el arquitecto japonés Shigeru Ban en situaciones de desastres en diferentes partes del mundo.  

El trabajo arquitectónico de Ban es muy variado, va desde edificios públicos, residencias, bibliotecas, domos, salas de conciertos y escultura; pero también, como parte de sus actividades humanitarias, ha hecho un enorme trabajo en la proyección de refugios de bajo costo y rápida construcción diseñados para casos de desastres. Todos sus proyectos se caracterizan por mostrar soluciones estructurales únicas con elementos geométricos, muy ligeras y ecológicas. 

Ban ha trabajado en muchas zonas de emergencia, en su gran mayoría por terremotos, pero también por situaciones políticas como la guerra civil de Ruanda. Un ejemplo son las casas temporales “Log”, construidas para las víctimas de los terremotos en Kobe (1995), Kaynasli (2000) y Bhuj (2001), Japón, Turquía e India respectivamente.
 
En el caso de Kobe las bases de las casas-refugio se hicieron con las donaciones de cajas de cervezas y con sacos rellenos de arena.  Las paredes están hechas con tubos de cartón grueso y el techo de lona de tiendas de campaña. Cada vivienda mide 52m², es muy barata, fácil de desmontar y los materiales son fácilmente eliminables o reciclados.

 
 
En el caso de Turquía se tomó como punto de partida las viviendas hechas en Kobe, pero con algunas adaptaciones, ya que el contexto es distinto. Se colocaron aislantes dentro de los tubos debido al clima más frío; la unidad era más grande, pues las familias suelen ser más numerosas en Turquía.

 
 
En el caso de la India se hicieron modificaciones más significativas en la base y el techo. Con los escombros de edificios destruidos y barro se hicieron las bases, ya que no se encontraron cajas de cervezas. Para los techos se hicieron bóvedas de bambú y celosías tejidas con carrizo cubiertas por una lona trasparente para protegerlas de la lluvia. Estas casas tienen muy buena ventilación para que circule el aire y para que se pueda cocinar en su interior, lo que ayuda a ahuyentar a los mosquitos.

 
 
Shigeru Ban también construyó una escuela primaria temporal después del terremoto que golpeó Sichuan, China en mayo del 2008. Los  edificios de aulas temporales fueron construidos con tubos de cartón, ya que son baratos, reciclables, reutilizables y disponibles en el área afectada. Los planos son muy sencillos, lo que ayudó a que personas no calificadas, como voluntarios, pudieran participar en su rápida construcción.

 
 
El último caso que veremos en esta edición de Shigeru Ban es el diseño de refugios en Ruanda cuando estalló la guerra civil en 1994. Normalmente la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) suministra láminas de plástico y tubos de aluminio para la construcción de refugios temporales. Sin embargo, en el caso de Ruanda los refugiados vendían estos materiales para tener un ingreso e iban al bosque a talar árboles para construir sus campamentos. Este es un ejemplo de la mala planeación por parte de grandes organizaciones, que si bien tienen la intención de ayudar, no hacen un análisis específico de la comunidad con la que van a trabajar. 

Fue entonces que Ban les propuso una solución más apropiada de construir centros de acogida de bajo costo, utilizando los recursos que había en la región, como el papel.  Se hicieron tres prototipos aprobados por su durabilidad, costo y resistencia a las termitas. Los tubos de papel se pueden fabricar en el mismo lugar con una maquinaria sencilla y pequeña y se evitan los costos del transporte.



Ban también ha trabajado en situaciones de emergencia en Haití, Italia, Vietnam y en otros terremotos en Japón. Recientemente realizó unas mamparas de divisiones para albergues de los refugiados en el terremoto,  tsunami y contingencia nuclear en Japón (marzo del 2011). 

La obra de Ban tiene especial consideración por las necesidades de la gente. Después de catástrofes como estas la población afectada se encuentra en una situación por demás complicada. En muchos casos las familias pierden sus casas y seres queridos. No hay comida, no hay luz, las personas se encuentran completamente vulnerables y en shock, pero prefieren quedarse en esas condiciones esperando a encontrar a sus familiares. 

En una entrevista que le hizo Francesca Picchi después del reciente desastre de Japón el arquitecto dijo “… me di cuenta de que el principal problema en la primera fase de una situación de evacuación de emergencia es la gran densidad de refugiados. Los centros de evacuación suelen ser amplias habitaciones bajo un mismo techo, donde las familias se encuentran compartiendo el espacio con extraños. La privacidad es un tema clave para las personas que no están acostumbradas a cultivar estrechas relaciones con los vecinos en su vida diaria y, además, que han sufrido un choque, los que hace aún más vulnerables. (www.domusweb.it/en/interview/disaster-relief-project-1-interview-with-shigeru-ban). 

Como podemos ver en estos ejemplos, Ban ha jugado un rol muy importante en situaciones de emergencia sin importar en qué parte del mundo suceda. Considera las particularidades de cada lugar, como es el clima, la cultura y los recursos de la zona. Temas muy importantes para el éxito proyectos de este tipo. Sus diseños resuelven, a los afectados, la necesidad básica de tener un refugio y un lugar provisional donde estudiar. Cabe recalcar que estas construcciones son muy fáciles y rápidas de levantarse. Además son ligeras, baratas y amigables con el ambiente. 

Es por esta actividad humanitaria y esa capacidad de resolver necesidades de emergencia que escogí el trabajo de Shigeru Ban como el primer ejemplo de diseño activo socialmente hablando. En la tercera parte de esta serie vamos a analizar algunos otros ejemplos del activismo en el diseño enfocados específicamente- a problemáticas de agua y la salud.


 

miércoles, 15 de junio de 2011

El activismo en el diseño industrial


                                            Ursula Lascurain


Actualmente, el diseño industrial se debate entre responder al voraz mercantilismo o a intentar subsanar las necesidades primarias del ser humano. En esta primera entrega, Ursula Lascurain explora las causas de esta división y las propuestas que han surgido de ella.

El mundo contemporáneo es un mundo de objetos: los hay de todos colores, formas,  materiales y texturas. No hace falta decir que cada vez nos hacemos más aficionados a estos artefactos, gadgets y herramientas, hasta llegar incluso a pasar de lo funcional a lo totémico. Muchos productos que vemos en el mercado no sólo tienen una función práctica sino también un valor agregado, la marca, símbolo social, etcétera. Esto hace que evaluar en abstracto el diseño de los productos no sea suficiente, hay que tener en cuenta también el sistema de interacciones al que pertenecen.    
La gran mayoría de estos artículos responden (y son invención misma) al modelo de consumo capitalista que rige en nuestro planeta. En esta visión, el principal fin de la producción de objetos es hacer crecer el capital de la industria y las marcas sobre todas las cosas, sin importar si se atenta contra el medio ambiente, si se explota a los trabajadores, si se desplaza a pequeños productores y a la economía local, sin importar, incluso, la calidad de los mismos productos.      
En este contexto, cabe recordar a Víctor Papanek, quien en 1971 ya planteaba en su libro Diseñar para un mundo real  que “hay profesiones que son más dañinas que el diseño industrial, pero muy pocas”, y es cierto. El diseño industrial es una herramienta de doble filo, así como puede cumplir los caprichos de publicistas y grandes empresas para crear necesidades en el público consumidor, también puede resolver problemáticas dentro de un contexto social. A esto último se le llama diseño social o diseño para el bien social, y su principal objetivo, a diferencia del diseño mercantil, es mejorar la calidad de vida.      
  
 
El concepto diseño social no es nuevo. Desde la década de 1960 se ha desarrollado una revolución en el diseño en la que se hacen propuestas para mejorar la calidad de vida y el medio ambiente, contrarias a la manera ordinaria de diseñar productos, con base en una reflexión-acción crítica, no sólo a los sistemas productivos, sino también al consumo y al derroche de recursos, tanto económicos como ambientales. Hoy en día, teóricos del diseño que se han preocupado por esta problemática, tal es el caso de Emily Pilloton, quien propone una revolución en el diseño, la cual debe ser entendida como “la reorientación de la industria del diseño al activismo y valores humanitarios.” (Emily Pilloton. Design Revolution. 2009).      
Sin embargo, ante la crisis global económica, social y ambiental, no sólo es importante poner atención a las políticas del mercado, sino también vale la pena hacer una crítica a nuestras formas de consumo, por ejemplo en una tienda de autoservicio, es notorio cuántos productos tienen etiquetas de “ecológico”, “orgánico”, “biodegradable”, “verde”, etcétera. Cada vez se encuentran con mayor frecuencia, pero hay que tener cuidado, porque es más una moda que una medida real ante el famoso cambio climático y los problemas de salud. El mercado tiene estrategias afiladas para hacer creer a sus consumidores que tiene un interés particular en el tema. A esta corriente la conocemos como Capitalismo verde, pues su fin último es seguirse enriqueciendo, por lo que no ofrece propuestas sinceras con un enfoque ambiental y social.    
 
Ahora podemos hacer cualquier producto de un material reciclado para que pueda ser considerado como “amigo del planeta”. No importa que en el proceso de reciclado se invierta más energía que si se hiciera de nuevo. Como este ejemplo hay muchísimos, pero en esta columna me gustaría concentrarme en aquellos diseños que sí tienen un interés social y/o ambiental, en aquellos que están generando un cambio en la vida de personas que lo necesitan. El activismo en el diseño es la acción de base que propone una perspectiva del diseño  más humanitaria e inclusiva para crear un bien a la sociedad.
En las siguientes ediciones de Nota al Pie veremos algunos ejemplos del activismo en el Diseño Industrial.